En la espiral del destino
hallé un sello y una pluma
caídos junto a una piedra
que guardaba su fortuna.
Con la mirada perdida
en un horizonte eterno
la piedra contaba historias
de los días que se fueron.
La pluma, pasión ardiente,
me tendió alfombras de versos
y el sello, pasión serena,
me los cuidó con sus besos.