Cuando entendí que ya no estabas
cielo y tierra a la vez tronaron
y el corazón en un crujido
se desplomó paralizado.
Mis días se volvieron noches.
Mis noches pesadillas fueron,
clamor de tinieblas heladas
y fuente de desasosiegos.
Alto el sol sin calor ardía
mas me consumía por dentro.
Ya las estrellas no brillaban
pues no encontraba tu consuelo.
Por irse el sabor en la vida
mis sueños quedaron tullidos
y al ver un mundo sin colores
cayó mi espíritu abatido.
Pero aquel día inesperado
una cordial brizna de aprecio
tocando mis ojos cerrados
devolvió una luz a mi cielo.
Oí el cantar de las estrellas
que resplandecieron de nuevo.
La que mi nombre susurraba
conmigo compartió un secreto.
Vive tu camino sin prisas
soltando las cargas partidas.
Y, sobre todo, nunca dejes
de llenar tus sueños de vida.
A todos los amigos que son capaces de
girar el mundo con sus propias manos cuando parece que le falta energía
para girar por sí solo.



