Gracias, Nerea, por esta estrella de
mar que has puesto a mi lado. Mi estrella siempre fue más de fuego o
de luz. Incluso podría imaginarla de tierra o aire, pero ¿agua?.
Nunca la había visto así y mi mente no deja de indagar...
Estoy segura de que entenderé en su
momento lo que esta estrella tenga que decirme. O quizá el mensaje
no sea para mi, sino para la estrella de cristal que se instaló en
mi vida hace años y que, últimamente, se muestra fría, abstraída
y distante. Ayer comprendí que no está sino congelada por las
lágrimas reprimidas en su corazón.
Estrella de mar: siendo un concepto que
resuena extraño en mi interior no deja de traerme a la mente una
preciosa historia que me llegó hace un tiempo a través de Jorge
Bucay:
“Había una vez un escritor que
tenía una casita en una enorme playa virgen donde pasaba temporadas
escribiendo y buscando inspiración para su libro. Era un hombre
inteligente, culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes
de la vida.
Una mañana mientras paseaba a
orillas del mar vio a lo lejos una figura que se movía de manera
extraña, como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un
muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y
lanzarlas otra vez al mar. El hombre le preguntó al joven qué
estaba haciendo y este le contestó:
- Recojo las estrellas de mar que
han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado
demasiado y muchas morirán.
Dijo entonces el escritor:
- Pero esto que haces no tiene
sentido; primero es su destino, morirán y serán alimento para
otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa. Nunca
tendrás tiempo de salvarlas a todas.
El joven miró fijamente al
escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con
fuerza por encima de las olas y exclamó:
- Para ésta sí tiene sentido.”
Este relato me hizo pensar largo tiempo y supuso una fuente de inspiración y energía para muchos de mis proyectos a partir de
entonces. Quizá tu estrella sólo viene a decirme que espabile del
letargo que ha desviado mi atención de esas estrellas de mar que me
hicieron despertar, ya que de nada sirve estar despierto si dejas que
las dificultades desdibujen el camino.
Muchas gracias por todo, Nerea, pero, en especial, gracias por
salirme al encuentro.
GRACIAS.
(Nota: no he
conseguido encontrar el texto original que pasó por mis manos para referenciarlo adecuadamente.
Cuando vuelva a encontrarlo, añado las referencias oportunas...)