A mi querida amiga Alicia en el día de su boda...
Nerea se acercó a la orilla del mar
atraída por unas olas que parecían susurrarle algo. Quedó allí
largo tiempo mecida por sus recuerdos, saboreando el instante mientras escuchaba las melodías del mar que tan profundamente habían calado siempre en su interior.
Fue entonces cuando Poseidón se
percató de su presencia. Se quedó como absorto observándola con atención y quedó prendado
de su belleza, su fuerza y la bondad en su corazón. Dejándose guiar por su instinto se acercó a
ella y sus miradas se cruzaron en un instante infinito. Ambos
entendieron sin mediar palabra.
El viento les trajo un ramo de violetas
y los dos unieron sus manos al calor de sus corazones. Al instante,
toda la fuerza del océano se abrió ante ellos para siempre.
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