Me quedé observando las ondas
propagarse por el agua. Fluían en armonía, con la determinación de
llegar lejos sin miedo a desvanecerse en el camino. Cuando
encontraban un obstáculo continuaban en otra dirección sin parecer
importarle, sin pararse a quejas o desconsuelos, sino adaptando su
camino a la realidad que encontraban en cada momento y avanzando sin
mirar atrás.
Vi como se alejaban y me pregunté
hasta dónde llegarían, si buscaban algo y si conseguirían
encontrarlo. Ninguna de ellas parecía tener alguna de las
preocupaciones que a mí me asaltaban y, posiblemente, ese era el
motivo de su tranquilidad y del fluir de sus movimientos. En la calma
o en las interferencias, todas seguían adelante sin ningún temor, quizá porque aquellas que quedaron paralizadas por la
preocupación no llegaron siquiera a comenzar su camino.

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