domingo, 9 de septiembre de 2012

Adiós


Adiós. Dibujo a pastel. (S. Alonso)


Aquella tarde el sol al ponerse desteñía el paisaje. Una especie de humo distante ensuciaba el cielo y desdibujaba formas y colores. Todo tenía un ligero toque grisáceo que inundaba de melancolía el atardecer. Los árboles al fondo del camino no tenían la vitalidad habitual y parecían querer esconderse en las sombras de la tarde. Los girasoles secos se veían eternamente tristes en un día caluroso, aunque frío al mismo tiempo.

Ella estaba allí, sentada sobre aquella piedra enorme al lado de los olivos. Su pelo se iluminaba vagamente con los rayos dorados de un sol empalidecido. Tenía la vista perdida en el horizonte mientras sus pensamientos hacían confidencias a los viejos árboles del camino y se dejaban reconfortar por ellos.

Entonces apareció él como salido de ninguna parte. Venía solo, sin más carga que sus decisiones ni más alegrías que las que dejó atrás. Sus ojos se buscaron y sus miradas se entrelazaron con tal fuerza que parecían querer soldarse el uno al otro, fundirse juntos. Un finísimo cordón tejido con hilos de angustia se debió colar por algún resquicio de su cuerpo, pues le apretaba el pecho y casi no la dejaba respirar. El corazón le latía con fuerza, luchando por no ahogarse en el remolino que habían provocado sus sentimientos y que tiraba con fuerza hacia un fondo incierto y oscuro.

Él bajó la vista y ella intentó decir algo, pero las palabras se le quedaron pegadas en la garganta, negándose a salir. Después de un triste forcejeo con sus propias palabras, también ella bajó la vista y dos tímidas lágrimas rodaron por sus mejillas. Entonces él extendió su mano y ella, temblorosa y sin acertar en sus movimientos, intentó extender la suya para tocarla aunque sus dedos apenas llegaron a rozarse.

Hubo unos minutos de intenso silencio. Parecía que el río había detenido su agitada carrera y los pájaros de la tarde habían silenciado su jolgorioso parloteo afectados por la tensión de aquel instante. Sin mediar palabra, él se giró y anduvo por el camino hasta perderse en el horizonte.

Ella sabía que jamás se volverían a ver.

3 comentarios:

  1. Vaya, qué pasada de relato. La descripción es preciosa; realmente me ha parecido sentir esa angustia, esa soledad y ese magnetismo en sus miradas. ¡Se me ha puesto la piel de gallina!

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  2. ¡Gracias Marta! Me animas mucho para seguir con el proyecto-locura que nos ronda porque ayer, después de ver el nivelazo del personal, no estaba yo muy segura de poderme acoplar bien.

    La sensación es increíble cuando, mediante la palabra, haces que alguien vibre por dentro. Gracias por compartirlo conmigo.

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  3. Hahaha, fuf, yo sí que estoy que no sé qué hacer, no quiero decepcionar a Emilio después de haber confiado en mi :S Pero sí, seguro que acabamos sacando algo bueno de esto, y aprendemos mucho todos juntos! :DD
    Por cierto, te dejo mi blog, no es nada del otro mundo, lo empecé hace un par de semanas y apenas he subido unos cuantos microrrelatos, pero por si te interesa, aquí lo tienes ^^
    dondeduermenlasvocesrotas.blogspot.com.es
    Un beso!!

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