La mañana no era tan fría como la del
día anterior. El cielo, gris plomizo, dejaba a ratos caer
gotitas diminutas que lo iban impregnando todo poco a poco.
Yo observaba las hojas pasar, como
pasan los meses, los días, las horas... Sentía que cada soplo de
viento se llevaba un pellizquito de mi vida que quedaba esparcido por
el campo, como aquellas hojas semimarchitas igualmente dispersadas
por el viento. Aquella sensación me inquietaba: ¿en qué se
convertirían esos trozos de mi vida salpicados por distintos
lugares? ¿En flores? ¿En hierbas? ¿Alguno crecería
como un árbol enorme y robusto?
La posibilidad de una vida tenue cuyos
pedacitos solo produjeran semillas de flores en mi propio jardín me
parecía triste y vacía. Es cierto que en apariencia sería el modo
más hermoso de vivir: rodeada de pequeñas flores de muchos colores.
Pero con el tiempo mi mirada buscaría el horizonte, aquel lugar que mis flores nunca alcanzaban. Sabía que para llegar allí debería
moverme por terrenos difíciles en los que me costaría avanzar y que
tenía que subir a la más alta montaña que mis fuerzas me
permitiesen. Y esa era otra; mis fuerzas... ¿de dónde las sacaría?
Me sentía pequeña, débil, vencida antes de empezar.
El viento se detuvo un momento a
observarme.
- ¿Qué te ocurre?- preguntó.
- No estoy segura. Quiero ir a alguna
parte pero no sé cómo ni qué debo llevar.- Repondí – Tengo
miedo a perderme en el camino y no llegar a ningún sitio.
- Para llegar a alguna parte hay que
comenzar a andar y tu permaneces ahí de pie, parada - me dijo el
viento.
Sus palabras me impactaron como una
piedra golpeando un cristal.
- Siempre serás capaz de mover un pie
para dar un paso, de sentarte a descansar el tiempo que necesites o
de cambiar de dirección las veces que consideres oportuno – oí
que susurraba su voz mientras se alejaba - Siempre seras capaz de inspirar y expirar amor cada día, de encontrar y vibrar con la belleza que hay a tu
alrededor, de encender tu luz por grande o pequeña que sea... de sentir la plenitud que te irá marcando el camino.
O puedes quedarte agazapada, esperando escondida, observando cómo tu vida se deshace en pequeños trocitos esparcidos por el viento...
O puedes quedarte agazapada, esperando escondida, observando cómo tu vida se deshace en pequeños trocitos esparcidos por el viento...
Todo es posible.
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