sábado, 18 de enero de 2014

Todo es posible


Dibujo de mujer al viento. S Alonso 2014.

La mañana no era tan fría como la del día anterior. El cielo, gris plomizo, dejaba a ratos caer gotitas diminutas que lo iban impregnando todo poco a poco.

Yo observaba las hojas pasar, como pasan los meses, los días, las horas... Sentía que cada soplo de viento se llevaba un pellizquito de mi vida que quedaba esparcido por el campo, como aquellas hojas semimarchitas igualmente dispersadas por el viento. Aquella sensación me inquietaba: ¿en qué se convertirían esos trozos de mi vida salpicados por distintos lugares? ¿En flores? ¿En hierbas? ¿Alguno crecería como un árbol enorme y robusto?

La posibilidad de una vida tenue cuyos pedacitos solo produjeran semillas de flores en mi propio jardín me parecía triste y vacía. Es cierto que en apariencia sería el modo más hermoso de vivir: rodeada de pequeñas flores de muchos colores. Pero con el tiempo mi mirada buscaría el horizonte, aquel lugar que mis flores nunca alcanzaban. Sabía que para llegar allí debería moverme por terrenos difíciles en los que me costaría avanzar y que tenía que subir a la más alta montaña que mis fuerzas me permitiesen. Y esa era otra; mis fuerzas... ¿de dónde las sacaría? Me sentía pequeña, débil, vencida antes de empezar.

El viento se detuvo un momento a observarme.

   - ¿Qué te ocurre?- preguntó.

   - No estoy segura. Quiero ir a alguna parte pero no sé cómo ni qué debo llevar.- Repondí – Tengo miedo a perderme en el camino y no llegar a ningún sitio.

   - Para llegar a alguna parte hay que comenzar a andar y tu permaneces ahí de pie, parada - me dijo el viento.

Sus palabras me impactaron como una piedra golpeando un cristal.

   - Siempre serás capaz de mover un pie para dar un paso, de sentarte a descansar el tiempo que necesites o de cambiar de dirección las veces que consideres oportuno – oí que susurraba su voz mientras se alejaba - Siempre seras capaz de inspirar y expirar amor cada día, de encontrar y vibrar con la belleza que hay a tu alrededor, de encender tu luz por grande o pequeña que sea... de sentir la plenitud que te irá marcando el camino.
O puedes quedarte agazapada, esperando escondida, observando cómo tu vida se deshace en pequeños trocitos esparcidos por el viento...
Todo es posible.

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